Hermanas Pasionistas Argentina

Hermanas De La Santa Cruz Y Pasion De Nuestro Señor Jesucristo

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Fundadora de la Cruz Madre María José

Historia

fot-elizabethElizabeth Prout | ¿como era ella?

Elizabeth Prout nace el 2 de septiembre de 1820 en Shrewsbury, Shropshire, Inglaterra. Su madre era una ferviente anglicana, su padre católico no practicante. La bautizaron y la educaron dentro de la tradición anglicana.
Alrededor del 1841 su familia se traslada a Stone Staffordshie donde su padre trabaja como tonelero viajante en la Cervecería de Joule. De su trabajo obtenía un buen salario lo que le permitía a la familia tener una vida relativamente confortable.
Dicen que Elizabeth fue criada con cariño, refinada y educada de acuerdo a los estándares de su tiempo. Era una joven delicada, de apenas 1.50 metros de altura, de contextura frágil pero mujer fuerte. Poco tiempo después de su muerte el Padre Ignacio Spencer la describe como “una mujer pequeña rebosante de energía y voluntad” Era fuerte cuando se le oponían. Por naturaleza abierta y honesta, odiaba el engaño. En una carta al Padre Gaudencio le expresaba de si misma: “Querido Padre, no puedo decir una cosa y creer en algo diferente”. En otra carta vemos este mismo espíritu. “Querido Padre, se que debo haberlo hecho sufrir mucho por mi tenaz oposición a sus deseos pero espero que usted me perdone. Nunca lo habría hecho, pero en conciencia lo hice por el bien de la comunidad e instituto”.

A los 29 años de edad, Elizabeth una mujer victoriana, fue elegida por Dios para realizar algo imposible: fundar una congregación de mujeres religiosas que llevaran la compasión y el amor de Cristo a los pobres. Esto lo llevó a cabo en un periodo de 16 años, un tiempo de mucho sacrificio, extrema pobreza, y total sometimiento a la voluntad de Dios. Muere a los 43 años de edad, habiendo completado su misión. Ella puso los fundamentos de la “Congregación de las hermanas de la Cruz y Pasión”, una congregación misionera internacional, dedicada a mantener viva la memoria de la Pasión Muerte y resurrección de Jesús “aún hasta los confines del mundo”.

Decisiones que la hacen cambiar de rumbo

Con algo más de 20 años vivía en Stone, Stratffordshire cuando conoce al Padre Domingo Barbieri, un pasionista italiano. Bajo su influencia y guía entra en la Iglesia católica.
En 1848 ingresa en el convento de las Hermanas del Niño Jesús en Northampton. Luego de seis meses se le desarrolla una tuberculosis de rodilla y tiene que regresar a su casa. Se recupera bajo el cuidado de su madre. Al prohibírsele asistir a Misa, deja su hogar y se dirige a Manchester en busca de trabajo.
Ahí, en septiembre de 1849, con la ayuda del Padre Gaudencio Rossi C.P. consigue un trabajo de maestra en el Colegio de San Chad, ubicado en Angel Meadow, uno de los peores suburbios de Manchester.

Manchester 1849

En 1849 Manchester estaba en medio de la revolución industrial. Era un tiempo de explotación y codicia. Los pobres trabajaban y vivían en condiciones infrahumanas. Muchos eran católicos, refugiados irlandeses, quienes emigraron por el hambre. Desde los 5 años los niños trabajaban por largas horas en los molinos, no sabían ni leer ni escribir. Miles estaban sin instrucción religiosa. Las chicas que trabajaban en los molinos eran muy vulnerables.
Golpeada por la desigualdad y la injusticia Elizabeth y unas pocas compañeras sintieron que debían de hacer algo.

Las Hermanas Católicas de la Sagrada Familia

En 1852, en la Parroquia de San Chad y con la ayuda del Padre Gaudencio Rossi, el Padre Croskell y el Padre William Turner, quien luego sería el obispo de Salford, Elizabeth funda “El Instituto de la Sagrada Familia”. El espíritu del Instituto tenía que ser el espíritu de la Sagrada Familia viviendo, trabajando y rezando en su casa de Nazaret.

Ya que la vida vivida en Nazaret era de perfecta armonía de contemplación y acción, nunca alcanzada hasta ahora en el mundo, así las hermanas debían reproducir esa armonía en sus vidas.

La visión radical de Elizabeth Prout

El instituto de Elizabeth Prout era una nueva aventura. Las hermanas vivían en comunidad combinando una vida humilde austera y orante con una ministerio activo fuera del convento. Cualquiera que fuera verdaderamente virtuosa y capaz de trabajar para el mantenimiento del Instituto podía ser admitida. No había distinciones de clases entre sus miembros.

“Vivían de sus salarios”

No se les requería de una dote. La falta de educación no constituía un obstáculo. Las hermanas salían a trabajar, a coser, a trabajar en los molinos, o cualquier otro empleo siempre que fuera compatible con la vida religiosa. No tenían propiedades ni seguridad. Vivían de sus salarios y cuando quedaban sin trabajo, ellas al igual que sus vecinos, pasaban hambre. Muchas veces la extrema pobreza era su suerte.
Esta vida distaba mucho de las Ordenes Religiosas establecidas. En 1850 esta comunidad sin clases, se consideraba “revolucionaria”. Provocó una tremenda oposición. La sola existencia del instituto era vista como una amenaza al “Status quo”.

El analista nos dice:
“Durante este periodo las hermanas sufrieron una fuerte oposición de parte de los sacerdotes de los alrededores quienes las trataron como personas que habían perdido la razón al intentar establecer esta fundación en condiciones que ellos consideraban poco favorables”

Algunas, llevaron las denuncias al extremo de pedir la supresión del Instituto. Para aclarar la situación el Obispo Turner, comenzó una investigación diocesana para examinar los cargos contra las hermanas.
Todos los aspectos de su vida y trabajo fueron examinados.
Los cargos fueron examinados…y suprimidos…Elizabeth personalmente y todas las hermanas fueron exoneradas.
Sus opositores fueron derrotados…algo que no les agradó.

Luego de la investigación

Luego de la investigación las hermanas mantuvieron un “humilde silencio” esperando que las cosas se volcaran a su favor. Esto tomó tiempo pero se logró.

El analista nos informa:
“…el Instituto pasó por dificultades y oposición, pero fue apoyado por el Dios providente quien mientras sonríe con una mano nos sostiene con la otra”.

Elizabeth y sus compañeras lo aceptaron como una forma de compartir la Pasión de Jesús. No se quebraron. Lo soportaron.

Aprendieron a través de la traición y el rechazo que:

“La Identificación con Cristo en el misterio
de su Pasión, Muerte
y Resurrección está en el corazón de su vocación.”

Muere Elizabeth

Elizabeth muere el 11 de enero de 1864 a los 43 años de edad, en el convento de Santa Helena Sutton, Lancashire. Su cuerpo reposa en la Iglesia de Santa Ana, Sutton junto al del Beato Domingo Barbieri C.P. y del Padre Ignacio Spencer C.P.. La Iglesia es ahora lugar de peregrinaciones.

Fundadora de la Congregación: Madre María José
Mujer de riesgo, espíritu pionero,comprometida y profeta.

Elizabeth Prout nace en Coleman, Sherwsbury, Inglaterra, el 2 de septiembre de 1820. Era hija única, de familia anglicana. Seguramente sus padres tenían puestas en ella muchas espectativas acerca de su vida futura, de acuerdo a las normas convencionales de su tiempo. Era una época dura: momento de grandes cambios producidos por la revolución industrial de la Inglaterra del siglo XIX. Surgen centros industriales que concentran a numerosos trabajadores, que viven en condiciones de miseria junto a sus familias.

En esta situación no había oportunidades para ir a la escuela. No había posibilidad de formarse como personas. Elizabeth reacciona y busca dar una respuesta.

A los 20 años conoce al padre Domingo Barbieri, misionero Pasionista que llegó a Inglaterra a cumplir el sueño de Pablo de la Cruz: luchar por la conversión de Inglaterra. Él la cautivó y la conectó directamente con la visión que ya estaba en ella. Fue el disparador que necesitó para comprometerse con su sueño.

“Hay caminos que se cruzan
como los hay paralelos
al encontrarse los nuestros
pudimos fundar un sueño”.

(Peteco Carabajal)

Entonces consagra su vida en una búsqueda más profunda. Su opción la lleva a comprometerse con el SERVICIO a los más pobres y marginados del ambiente industrial.
Esta experiencia la lleva a congregar a un grupo de jóvenes, Forma una comunidad apostólica basada en la confianza, el respeto y la alegría. Toma el nombre de MARÍA JOSÉ, como signo de iniciación de una nueva vida. Así nace en Inglaterra la Congregación de las Hermanas de la Santa Cruz y Pasión.

SU ESPÍRITU ARRAIGADO EN JESÚS CRUCIFICADO
LA MANTUVO CON LOS PIES EN LA TIERRA,
LE DIÓ AMOR POR LA GENTE,
LA SOSTUVO EN LA POBREZA Y EL DOLOR.
LE DIÓ PERSEVERANCIA
Y LA SOSTUVO EN LA ESPERANZA.

RAZGOS DE LA MADRE MARÍA JOSÉ

Riesgo / Ser católica en 1840 era ciertamente un riesgo. Estaba abierto a malos entendidos, a oposición de la familia y a la persecución de ese tiempo.
Esta característica estuvo presente toda su vida. Nunca hubo opción por seguridad, por la salida fácil.

Espíritu pionero / Es probable que la Mdre. María José nunca haya escuchado acerca de la Teología de la lIbración, pero leyó los signos de los tiempos: el grito de los marginados en una era de transición, de los sin techo, y vio la pobreza como consecuencia de las condiciones de vida de los inmigrantes. La terribles condiciones de las fábricas y el trabajo en ellas, la ausencia de Dios reflejada en una moral relajada, hizo que su presencia y el apostolado de las hermanas se realizara entre ellos. También había re-pensado la vida religiosa brindando la posibilidad de entrega a ella a personas sin recursos.
Profeta / Ubicada en los albores de la nueva era, cumplió el rol de profeta, discerniendo la voluntad de Dios y articulando su palabra con convicción. Escapó de las ataduras de los antiguos institutos e inició una nueva concepción de testimoniar el amor de Dios.

Pasión / Su vida iba a ser alcanzada permanentemente por la pasión: a causa de su sufrimiento físico causado por la tuberculosis en una rodilla que la acompañó hasta la muerte. La experiencia de calumnias, la pérdida de hermanas, la pérdida de apoyo aún de los más cercanos, tener que vivir en una pobreza material y ser responsable por aquello que parecía el fracaso de la nueva congregación. Ésto hizo aflorar su paciencia, humildad y equilibrio.

Oración / Sólo alguien que se ha sentado frente al Crucificado le puede encontrar el verdadero sentido al misterio del sufrimiento. Fue este el secreto del giro en su vida que la hizo trabajar a través de sus propios sufrimientos y llegar a los crucificados con generosidad de espíritu.

PERSEVERANCIA
Muchas veces se sintió tentada a no seguir luchando
“He trabajado en balde. Para nada he gastado mis fuerzas”

Sin embargo, a pesar de la muchas dificultades que tuvo que enfrentar, ella encontraba en el Crucificado las fuerzas para seguir adelante con esperanza y alegría.

El Signo Pasionista

Historia

signopasionistaQue significan sus componentes?

Negro / muerte, pecado, tinieblas

Blanco / presencia de Dios.
Triunfo de la vida sobre la muerte

Cruz / Entrega de Jesús por amor.
Luz que trae la Vida sobre la muerte

Corazón / Entrega de Jesús por amor.
Es el símbolo que nos dice que el amor es más fuerte que la muerte.

La pasión de Jesucristo / Grabada en el corazón.

Clavos / Las heridas de Jesús.
Marcas que aún no se han borrado; las vemos hoy en aquellos que sufren
falta de libertad, exclusión e injusticia.

Desde 1926, un camino hecho en Argentina

Historia

caminoEn Vicente López (zona Norte del Gran Buenos Aires) iba surgiendo entre las familias irlandesas, la necesidad de un colegio para niñas, católico y de habla inglesa.

El P. Luis Hochendoner c.p. viajó a Santiago de Chile, interesado en establecer la Congregación de las Pasionistas en Argentina, comunica sus inquietudes a la Madre Provincial, Margaret Mary Reilly.

En 1926 la Madre Scholastica c.p. y Madre Aquinus c.p., toman posesión de lo que hoy es el Colegio Michael Ham junto con otras hermanas: María de los Ángeles, Ángela Aloysius, Mereci, Theresa y Margarita. Venidas de Inglaterra… “dejaron su país, llegaron a un Buenos Aires que desconocían. Comenzaron un Colegio lejos de sus costumbres, sus familias, su idiosincracia”.

Distintas hermanas fueron asumiendo esta tarea hasta 1970, tiempo en que las hermanas dejan el colegio para abrir la primera comunidad inserta en un barrio popular (Moreno).

El llamado del Concilio se hizo oír en la Iglesia. A la Vida Religiosa, la invita a mirar su vida, su misión, pero sobre todo la razón de ser de su presencia en un mundo que va cambiando; a los laicos, a que se reconozcan como parte activa de una Iglesia que quiere entrar en diálogo con los hombres y mujeres asumiendo sus dolores y esperanzas.

Los obispos latinoamericanos -reunidos en Medellín- al hacer una relectura del Vaticano II para el Continente, señalan la realidad de la pobreza e injusticia que afecta a miles de latinoamericanos y le devuelve a la vida religiosa la capacidad de reencontrarse con sus orígenes. A los laicos les reitera el pedido de asumir su rol protagónico en el mundo de hoy. Se va generando un gran movimiento en la Iglesia en el cual la vida religiosa comienza su éxodo del centro a al periferia. Se comienza a gestar un nuevo estilo de vida religiosa en la cual se privilegia la experiencia de Dios, la vida comunitaria y la opción por lo pobres. Por otra parte los laicos comienzan a asumir tareas que anteriormente habían estado en manos de las religiosas.

Nosotras, Pasionistas, en un intento de ser fieles a este llamado, mirando a nuestra fundadora Madre María José, descubrimos en ella a una mujer de Iglesia que “lo arriesgó todo para construir una comunidad fundada en la confianza, el servicio y el amor… Ella nos ha dejado como herencia especial un espíritu de amor y servicio a los pobres y afligidos”. La vida Pasionista nacida en las márgenes de las grandes ciudades, comienza a discernir cuáles son los nuevos márgenes y se va trasladando del centro a “la periferia, al desierto y a la frontera”, lugares de riesgo en los cuales la vida se encuentra amenazada…

Surgen nuevas comunidades y nuevas vocaciones. En ese proceso las hermanas van dejando en manos de laicos las tareas del Colegio , acompañándolos en lo fundamental: la vivencia y profundización del Carisma. De esta forma el Colegio no perderá la impronta que le dieron las hermanas a lo largo de su historia.

Con toda la vida religiosa del Continente sentimos este deseo de seguir profundizando este camino y como discípulas, descubrir la presencia de Dios que sigue invitando a renovar el amor primero, a aprender a leer la historia, con sus rostros, sus nuevos sujetos , sus nuevos lenguajes y presencias. Como los discípulos que van caminando a Emaús, la vida religiosa y los laicos pasionistas queremos dejarnos sorprender una vez más por el Crucificado que ha resucitado, reconociéndolo “al partir el pan” y descubriendo en este gran gesto el sueño del Padre que es la fraternidad y la inclusión.

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