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Desde 1926, un camino hecho en Argentina

Historia

caminoEn Vicente López (zona Norte del Gran Buenos Aires) iba surgiendo entre las familias irlandesas, la necesidad de un colegio para niñas, católico y de habla inglesa.

El P. Luis Hochendoner c.p. viajó a Santiago de Chile, interesado en establecer la Congregación de las Pasionistas en Argentina, comunica sus inquietudes a la Madre Provincial, Margaret Mary Reilly.

En 1926 la Madre Scholastica c.p. y Madre Aquinus c.p., toman posesión de lo que hoy es el Colegio Michael Ham junto con otras hermanas: María de los Ángeles, Ángela Aloysius, Mereci, Theresa y Margarita. Venidas de Inglaterra… “dejaron su país, llegaron a un Buenos Aires que desconocían. Comenzaron un Colegio lejos de sus costumbres, sus familias, su idiosincracia”.

Distintas hermanas fueron asumiendo esta tarea hasta 1970, tiempo en que las hermanas dejan el colegio para abrir la primera comunidad inserta en un barrio popular (Moreno).

El llamado del Concilio se hizo oír en la Iglesia. A la Vida Religiosa, la invita a mirar su vida, su misión, pero sobre todo la razón de ser de su presencia en un mundo que va cambiando; a los laicos, a que se reconozcan como parte activa de una Iglesia que quiere entrar en diálogo con los hombres y mujeres asumiendo sus dolores y esperanzas.

Los obispos latinoamericanos -reunidos en Medellín- al hacer una relectura del Vaticano II para el Continente, señalan la realidad de la pobreza e injusticia que afecta a miles de latinoamericanos y le devuelve a la vida religiosa la capacidad de reencontrarse con sus orígenes. A los laicos les reitera el pedido de asumir su rol protagónico en el mundo de hoy. Se va generando un gran movimiento en la Iglesia en el cual la vida religiosa comienza su éxodo del centro a al periferia. Se comienza a gestar un nuevo estilo de vida religiosa en la cual se privilegia la experiencia de Dios, la vida comunitaria y la opción por lo pobres. Por otra parte los laicos comienzan a asumir tareas que anteriormente habían estado en manos de las religiosas.

Nosotras, Pasionistas, en un intento de ser fieles a este llamado, mirando a nuestra fundadora Madre María José, descubrimos en ella a una mujer de Iglesia que “lo arriesgó todo para construir una comunidad fundada en la confianza, el servicio y el amor… Ella nos ha dejado como herencia especial un espíritu de amor y servicio a los pobres y afligidos”. La vida Pasionista nacida en las márgenes de las grandes ciudades, comienza a discernir cuáles son los nuevos márgenes y se va trasladando del centro a “la periferia, al desierto y a la frontera”, lugares de riesgo en los cuales la vida se encuentra amenazada…

Surgen nuevas comunidades y nuevas vocaciones. En ese proceso las hermanas van dejando en manos de laicos las tareas del Colegio , acompañándolos en lo fundamental: la vivencia y profundización del Carisma. De esta forma el Colegio no perderá la impronta que le dieron las hermanas a lo largo de su historia.

Con toda la vida religiosa del Continente sentimos este deseo de seguir profundizando este camino y como discípulas, descubrir la presencia de Dios que sigue invitando a renovar el amor primero, a aprender a leer la historia, con sus rostros, sus nuevos sujetos , sus nuevos lenguajes y presencias. Como los discípulos que van caminando a Emaús, la vida religiosa y los laicos pasionistas queremos dejarnos sorprender una vez más por el Crucificado que ha resucitado, reconociéndolo “al partir el pan” y descubriendo en este gran gesto el sueño del Padre que es la fraternidad y la inclusión.

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